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El agua nace de los humedales, como fuente de vida. La gestión integral del ciclo del agua como diálogo entre el ser humano y la tierra para un desarrollo sostenible.

Con motivo del Día Mundial de los Humedales,  Rafael Carballeira, Profesor de Botánica de la Universidade da Coruña y miembro del Grupo de Investigación en Cambio Ambiental de la UDC – Centro Interdisciplinar de Química y Biología (CICA), y la Universidad San Pablo CEU, comparte con todos nosotros una reflexión sobre la gestión integral del ciclo del agua como base para un desarrollo sostenible.

Emalcsa
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Rafael Carballeira

Profesor de Botánica de la Universidade da Coruña, Grupo de Investigación en Cambio Ambiental de la UDC – Centro Interdisciplinar de Química y Biología (CICA), y la Universidad San Pablo CEU. 

El Día Mundial de los Humedales nos recuerda que proteger estos ecosistemas también es proteger nuestro patrimonio natural y cultural, Cecebre nos ofrece una oportunidad clara: reconocer que cuidar el agua es también cuidar las relaciones que nos unen a ella. El agua es un recurso fundamental para la vida y un pilar básico para garantizar la salud, el bienestar y el desarrollo de las sociedades humanas. Desde la Antigüedad clásica —en civilizaciones como Mesopotamia, Egipto o Roma— el progreso humano ha estado íntimamente ligado al acceso, control y gestión del agua. Los grandes asentamientos, las primeras infraestructuras hidráulicas y los sistemas de saneamiento surgieron allí donde el agua podía ser captada, distribuida y protegida, convirtiéndose en un recurso determinante para el desarrollo económico, social y cultural.

El enfoque del Día Mundial de los Humedales de este año nos invita a una reflexión sobre estos ecosistemas desde una perspectiva menos habitual, pero profundamente necesaria: la de los conocimientos tradicionales y el patrimonio cultural asociado al agua. Más allá de la biodiversidad, la hidrología o los servicios ecosistémicos, se pone el acento en las relaciones históricas y cotidianas que las comunidades han entretejido con los humedales a lo largo del tiempo, siendo la educación ambiental una herramienta clave para transmitir esta realidad a la sociedad.

Esta efeméride conmemora la ratificación del Convenio de Ramsar el 2 de febrero de 1971, el primer tratado intergubernamental destinado a establecer un marco para la conservación y el uso racional de los humedales y sus recursos a escala global. Esto incluye también a los humedales de origen antrópico, como los embalses, que mantienen funciones ecológicas en interacción con la cuenca hidrológica, sostienen la biodiversidad local y aportan servicios ecosistémicos, existiendo un vínculo clave entre el buen estado ecológico de los ecosistemas y la preservación de la calidad del agua.

Este acuerdo surgió de la Convención sobre los Humedales celebrada en la ciudad iraní de Ramsar, un enclave emblemático de la interacción entre conservación y uso humano de los ecosistemas acuáticos. La dilatada tradición en la gestión del agua de las poblaciones iraníes en la orilla del Mar Caspio se debe a su estrecha interdependencia de los humedales —al haberse desarrollado en la confluencia de ríos y llanuras aluviales en la franja litoral del mayor lago del mundo—, que configuran un paisaje caracterizado por un amplio mosaico de ecosistemas húmedos, históricamente fundamentales como fuente de recursos para las comunidades humanas de esta región.

La actualidad nos devuelve a Irán, que ante la marcada atención internacional por su compleja situación sociopolítica, oculta una profunda crisis en la gestión del agua que amenaza incluso el futuro de Teherán, una megaciudad de más de 12 millones de habitantes, hasta el punto de plantearse la construcción de una nueva capital. La crisis hídrica ha dejado de ser un problema ambiental para convertirse en un factor de inestabilidad social, económica y política, debilitando el estado de bienestar y profundizando las desigualdades regionales. La degradación de humedales y acuíferos no solo seca el territorio, sino que reduce la disponibilidad de recursos y tensiona el orden social. Teherán ejemplifica las consecuencias de una gestión del agua basada en la extracción y la infraestructura, desconectada del ciclo hidrológico y del papel ecológico de los humedales. Este caso recuerda que el agua no es solo un recurso a explotar, sino parte de un sistema natural cuyo funcionamiento es esencial para sostener los servicios ecosistémicos de los que dependen las sociedades humanas. Sin humedales vivos, no hay seguridad hídrica a largo plazo.

Hoy, como desde hace décadas, Cecebre cumple una función esencial como reserva de agua potable para el área metropolitana de A Coruña, pero sigue siendo también un humedal vivo, en el que naturaleza y sociedad continúan interactuando, incluso aguas arriba, a lo largo de los ríos Mero y Barcés y en el conjunto de la cuenca hidrológica que alimenta el embalse. El ejemplo del embalse de Cecebre permite tomar conciencia de la enorme trascendencia de los humedales, ya que, a pesar de representar tan solo el 0,012 % de la superficie de Galicia, el agua de su embalse abastece aproximadamente al 15 % de la población gallega, en torno a 400.000 personas.

A Coruña destaca por contar con una de las aguas del grifo mejor valoradas de España. Se trata de un agua blanda, ligera y agradable al paladar, una percepción que también recogen informes de la Organización de Consumidores y Usuarios en relación con la opinión de los ciudadanos. De hecho, en la sociedad coruñesa se reconoce habitualmente que estas propiedades naturales del agua de Cecebre contribuyen de manera muy significativa a la calidad y a las características diferenciales de productos emblemáticos como la cerveza de Estrella Galicia (Hijos de Rivera) o los refrescos de BEGANO, ambos estrechamente vinculados a la identidad y al tejido económico de la ciudad de A Coruña. No obstante, esta calidad, que la hace especialmente adecuada para el consumo humano, no se explica únicamente por los procesos de saneamiento y potabilización. La naturaleza y las propiedades del agua de A Coruña no son fruto de la artificialidad, sino del funcionamiento dinámico de un sistema natural asociado a un paisaje privilegiado, cuya impronta se refleja en su composición, junto con una gestión integral y adecuada del ciclo hídrico.

La protección ambiental del embalse de Cecebre, integrado en la Red Natura 2000 como Zona de Especial Conservación y en la Reserva da Biosfera das Mariñas Coruñesas, garantiza el equilibrio ecológico que sustenta la calidad del agua, al tiempo que favorece el medio ambiente, el ecoturismo, el deporte y el disfrute del paisaje. La combinación de una litología silícea, un clima lluvioso y una cobertura vegetal bien conservada, junto con usos tradicionales del territorio y masas forestales en las cuencas altas de los ríos Mero y Barcés, permite que los suelos sigan actuando como un filtro natural, regulando los flujos hídricos, manteniendo la calidad del agua y reduciendo los costes de tratamiento. Esta gestión desde el origen de la cuenca, ampliamente validada, tiene un referente paradigmático en la estrategia aplicada durante décadas por la ciudad de Nueva York como solución basada en la naturaleza. La conservación proactiva de ecosistemas fluviales y humedales ha demostrado ser ambientalmente más eficaz y económicamente rentable, al reducir la necesidad de grandes infraestructuras de potabilización y generar ahorros de cientos de millones de dólares anuales (National Research Council 2000). Proteger los sistemas naturales que nos suministran agua mejora la seguridad hídrica y refuerza un modelo de gestión eficiente y sostenible a largo plazo, cuya necesidad es cada vez más urgente ante los desafíos ambientales del actual contexto de rápido cambio global.

*La Cátedra Emalcsa no se identifica necesariamente con las visiones expuestas por los autores de los artículos que publica. Nuestra intención es ser un medio para la difusión, el diálogo, el debate y el avance en conocimiento.